La muerte le llegó a Cherry Navarro tan rápido como el éxito

210px-cherry_navarro“Se salvará este joven. Me lo han dicho mis hermanos José Gregorio Hernández y José María Vargas. Pero antes estará al borde de la tumba”. Así, entre lágrimas, la sacerdotisa de María Lionza, Beatriz Veit-Tané, afirmaba que mantenía sesiones constantes de espiritismo con el fin de batallar -a su estilo- por la vida del cantante Cherry Navarro, quien tenía tres días recluido en la sala de terapia intensiva del Hospital Vargas, donde fue internado de emergencia la noche del 18 de septiembre de 1967.

“Lucharemos unidos con nuestros médicos hermanos del más allá”, sentenció la Shamán. Mientras, familiares, amigos y admiradores permanecían en vigilia, deambulando por los pasillos del centro hospitalario. Todos con la esperanza de que un milagro sanara a quien en ese entonces sonaba insistentemente en la radio venezolana con el tema Aleluya, de Luis Eduardo Aute.

Una lagrima en la mano, un suspiro muy cercano

En la mañana del 18 de septiembre, Cherry no se sentía bien. Bismuto, un fuerte antibiótico, fue la medicación con que pretendía calmar una afección en la garganta y el sangramiento de las encías, y así cumplir en la tarde con su presentación en el programa aniversario de “El Show de Alfredo Ledezma”.

Era su último día en Venezuela ya que en la mañana siguiente iba a viajar a España, donde tenía prevista una serie de actuaciones, haciendo caso omiso a la prohibición del viaje hecha por el médico de Radio Caracas Televisión (planta a la que pertenecía en carácter de exclusividad) luego de que el fin de semana anterior le observara unas placas equimóticas (moretones) en el tórax y en las piernas.

20170922_102509 (2)Como suerte de despedida, luego de la actuación en el programa del “Pavo” Ledezma, Cherry y su novia María de las Casas (Miss Venezuela 1965), junto a otros compañeros del medio, acordaron ir a La Morocota, una popular discoteca ubicada en Altamira.

La noche fue un agradable compartir entre amigos: Renny Ottolina, Mirla Castellanos, Chelique Sarabia, Rosa Virginia Chácín, Mirla Castellanos, José Luís Rodríguez y Mirtha Pérez, quien recuerda que “todos le hacíamos una rueda a Cherry mientras él cantaba y bailaba La Bostella, un tema que había grabado con Los Melódicos y que estaba pegado, al igual que Aleluya. Ahí estuvimos hasta que, de pronto, María (De Las Casas) dijo que se iban a ir porque él no se sentía bien”. (Mirtha Pérez en entrevista personal a Jesús Pérez Lárez. 2017)

Ante los fuertes dolores, además de la hemorragia nasal y de las encías, la novia del cantante decide llevarlo al Hospital Vargas. El doctor Luís Enrique Lairet ordena de inmediato su reclusión bajo estricta vigilancia en una sala especial de aislamiento, a fin de tratar lo que primeramente se diagnosticó como una “infección hematológica”. Luego de 72 horas, tras los resultados de la biopsia y otros exámenes a los que fue sometido, se confirmaba la enfermedad de Cherry: Aplasia medular.

Quince gritos que suplican, una tierra que palpita 

“Después del diagnóstico, los médicos ordenaron suspender toda clase de visita al paciente de la cama 12, Sala de Terapia Intensiva, y solamente pueden penetrar el galeno y una enfermera titular, quienes fueron dotados de sendas llaves”, reseñaba el diario Últimas Noticias (23/09/1967), luego de indicar que el médico tratante explicó a la familia del cantante que la prohibición se basaba en que “cualquier persona que tenga gripe puede contagiar al artista y ello significa, de acuerdo al diagnóstico, una muerte segura”.

La aplasia medular es una enfermedad que consiste en la desaparición de las células de la médula ósea encargadas de producir sangre. Cherry ignoraba esto; creía que se encontraba en observación por una intoxicación. La mayor parte del día se la pasaba dormido artificialmente, al tiempo que se le aplicaba un tratamiento con Gamma-Globulina a fin de reforzarle las defensas, lo cual logró que por unas horas la enfermedad entrara en una etapa estacionaria.

“Gracias a Dios que ha superado la crisis”, declaraba a los medios María de las Casas, quien manejaba las relaciones públicas de su novio, al que había conocido durante una estadía en España. Precisamente, por gestiones de ella fue que se dio la oportunidad de viajar a Italia, donde Cherry grabó para el sello Polydor su último long play, el que escuchaba en un pequeño tocadiscos que lograron pasar a la habitación donde estaba recluido, y por cuyas regalías y aceptación del público preguntaba a los pocos que tenían acceso a visitarlo en su lecho de enfermo.

Una piedra en el vacío, otra piedra en el sentido

Cherry tenía 14 años cuando su madre, María de Jesús, se traslada con su familia a Caracas, específicamente a la parroquia Coche. Atrás dejaba a Caripito, esa población del estado Monagas donde, bajo el nombre de Alexis Enrique Navarro Velásquez, había nacido el 9 de julio de 1944 y comenzó a descubrir sus inquietudes musicales, las cuales formalizaría en la capital con estudios de solfeo y piano en la escuela “José Ángel Lamas”.

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Junto a José Luís Rodríguez

El patio del liceo Pedro Emilio Coll fue el lugar donde inició amistad con otro joven que coincidía en su afición, José Luís Rodríguez, con quien daría sus primeras serenatas, formaría el conjunto “Canaima” y frecuentaría “El club del twist”, local ubicado en Altamira donde se disfrutaba del ritmo popularizado por el norteamericano Chubby Checker a principios de los años 60, y al que también asistía regularmente, “como muchacho al fin de aquel entonces”, Chelique Sarabia.

“Cherry cantaba ahí con un conjunto, pero allí no empezó nuestra amistad porque me pareció que era demasiado pedante. Hasta que un día, Luís Rangel, quien era cuatrista de mi conjunto, me lo recomienda diciéndome que quería que conociera a un cantante amigo suyo ‘pa´ ver qué podemos hacer con él’ (…) A mí ni siquiera me pasó por la mente que era el mismo tipo que me caía mal en El Club del twist”. (Chelique Sarabia – Entrevista personal. 2012).

El muchacho “pedante” terminó convenciendo al compositor de Ansiedad, al punto que lo incorporó en su programa “½ hora con Chelique”, dejando abierta la posibilidad de grabar discos.

Comienza así un desenfrenado éxito. Mi pueblo, Chinita de Maracaibo, Me está doliendo el alma, No te muerdas los labios, Como yo te quiero, Mi propio yo, entre otras, comenzaron a cimentar una carrera que continuó con par de grabaciones para el sello Velvet -una de ellas hecha en México, por gestiones del propio Chelique-, y una breve pasantía por la orquesta Los Melódicos, con la que llegó a hacer la temporada de Carnaval de 1966 en el Hotel Macuto Sheraton.

 El perdón de los pecados, unos pies que están clavados  

“No te imaginas cómo me ha quedado el disco. Lo grabé en Milano. Te volverás loco escuchándolo, los arreglos son una maravilla, solo me falta escoger una bonita portada para lanzarlo en Caracas”, le escribió el artista al periodista Juan Vené poco antes de regresar a Venezuela y presentarse en el programa estelar de Renny Ottolina, a quien le manifestó que en Europa se había divertido “lo suficiente”.

Sin embargo, Vené acotaba que Cherry “venía un poco cambiado, quizá un poco triste. Pálido. Era la enfermedad que ya se insinuaba exteriormente”. Algunos medios aseguraron que, durante la estadía en España se sometió a cámaras de bronceado y que los rayos ultra-violeta aceleraron el cuadro que, como último recurso, requirió un transplante de médula ósea realizado el 25 de septiembre, y para el cual su hermano René sirvió como donante.

Minutos antes del traslado al quirófano, Monseñor Jesús María Pellín, desde la puerta de la habitación donde estaba el intérprete, rezó por la salud de Navarro, al tiempo que le dio la absolución. “Lo noté muy alegre, contento. Desde su lecho me hacía señales y espero en Dios que pueda salvarse”, manifestó el ilustre prelado.

Una llama que se apaga, una vida que se acaba 

“Pregúntele a mi familia si tienen una fiesta afuera, pues todos sonríen desde el cristal”, increpó desde el interior de su habitación el cantante a una de las enfermeras que con bolsas de hielo trataba de que la fiebre no le pasara de los 39 grados durante las 72 horas previstas para evaluar la reacción al transplante, mientras se seguía a la espera del medicamento Oximetalona, el cual fue ubicado en Estados Unidos -gracias a la movilización que hiciera la  red de radio aficionados de Venezuela- y entregado a los médicos del Hospital Vargas a las 10 de la noche del miércoles 27.

El anabolizante suministrado como último recurso de salvación le produjo una leve reacción, pero llegó tarde. A las 6:30 de la mañana del 28 de septiembre de 1967, según reseñó el diario Últimas Noticias, “los médicos se percataron que Cherry Navarro tenía la respiración anormal. Movía la cabeza de un lado a otros y balbuceaba palabras y frases sin coordinación”.

Manuel Navarro fue el primero en enterarse y decirle a su madre, doña Chucha, la trágica noticia sobre su hermano: Cherry ha muerto.

De inmediato, el director del hospital, Dr. Eduardo Rotundo, solicitó a la policía el apoyo para contener la multitud que se agolpaba a las afueras del recinto; mientras que Cherry era trasladado a la sala 11 del servicio de Patología, donde Chelique Sarabia y José Luís Rodríguez se encargaron de vestirlo con el traje Bluson 67 que había usado en su última actuación en “Renny Presenta”.

Unas flores en mi tumba; siempre nunca, nunca, nunca

20170922_105258 (2)A las 10 de la mañana del día siguiente, desde la Funeraria Valles partía el cortejo con destino a la última morada del ídolo juvenil. Una primera parada en la sede de la Asociación Venezolana de Artistas de la Escena (Avade), en la Avenida Libertador; luego, rumbo a la sede de Radio Caracas Televisión.

Llantos, gritos y desmayos por parte de sus admiradoras fue lo que predominó durante el recorrido durante el cual se supo que la joven Melba Elena Contreras, de 17 años de edad, se había quitado la vida en su residencia de la calle Coromoto, en el sector El Manicomio, tras conocer la noticia de la muerte del cantante.

Finalmente, a las dos de la tarde, entre lágrimas, flores y el coro de Aleluya, el ataúd donde reposaban los restos de Cherry Navarro fue bajado lentamente hasta el fondo de la bóveda 59-53, III Cuerpo, Sector Sur, del Cementerio General del Sur.

Semanas antes de la gravedad de su salud, Cherry manifestó la intención de comprar una casa a su familia, producto del dinero obtenido con el contrato internacional por cumplir y las regalías de su último disco. Fue una de las tantas cosas que dejó pendiente, así como también el dejarnos saber qué habría pasado con su carrera artística si la muerte no lo hubiese sorprendido a los 23 años de edad.

Este mundo absurdo que no sabe a dónde va

Cherry Navarro – Aleluya. Con presentación de Renny Ottolina

Héctor Acosta Rojas.
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