Celia… la serie no tiene tumbao

1f563b9727dc4c895cd5bcc253863265En estos tiempos, cuando muchos por leer un artículo en Wikipedia, alguna nota en un medio o ver una biopic, creen ya saberse la historia de algún personaje; es muy grave que surjan producciones audiovisuales en las que, lejos de resaltar la figura de un artista, se le hace un daño terrible a su historia y a lo que representa –en este caso- para la música popular.

Ejemplos hay de sobra: la película El Cantante, donde no se le hace justicia a Héctor Lavoe, ya que para los productores era más importante resaltar sus adicciones que su talento.

Ni hablemos de la cinta sobre Felipe Pirela; para la cual recomendamos leer las observaciones que hace Luís Armando Ugueto, biógrafo de “El Bolerista de América”, , acerca de “El Malquerido”, con toda la propiedad que le dan los años de investigación seria que ha hecho acerca del personaje.

Y es ahí cuando surge el “peligro”; pues luego de su exhibición no es difícil que ese público espectador dé por sentado todo eso que vio, leyó  y/o escuchó. Es entonces cuando surgen comentarios en las conversas, donde gracias a esa desinformación muchos creen tener “verdad absoluta” de la vida del artista.

Cuántos hay que todavía afirman que Víctor Piñero murió cantando Las Pilanderas, o diciendo que Paul Mc Cartney falleció en 1966 y el que anda por allí es un doble (que, entonces, de ser así, salió mejor que el “original”).

Pues ahora, para echarle más “azucarrrrrr” al asunto, nos llega la serie sobre Celia Cruz, una producción cargada de imprecisiones y distorsiones sobre la vida de la llamada “Guarachera del Mundo”.

Debo confesar que solo he visto los primeros seis capítulos de Celia, la serie; lo suficiente para saber que “lo que mal empieza, mal acaba”.

La historia inicia en 1951, con una Celia absolutamente desconocida, arropada en sus intenciones como cantante por una media hermana envidiosa y casquivana llamada Noris. Se obvia que ya a finales de los 40 había ganado concursos de aficionados en diferentes emisoras cubanas; que formaba parte como cantante del grupo de baile Las Mulatas de Fuego, con el que vino a Venezuela en noviembre de 1948, donde –incluso- realizó sus primeras grabaciones comerciales con la orquesta de Luis Alfonzo Larrain, la Leonard Melody (de Leonardo Pedroza) y la Sonora Caracas.

Asimismo, la trama de la hermana es “traída de los pelos”, más bajo el contexto de que es una hija de “Ollita” (la madre de Celia) fuera del matrimonio, por lo que el padrastro le permite todo tipo de libertades.

Vale destacar que la Noris de la serie, caracterizada por la actriz Aída Bossa, está más “matancera” que la Sonora misma, la cual es desdibujada por completo (hasta en el nombre) así como sus integrantes, cuyas representaciones dejan mucho qué desear en cuanto a caracterización se refiere.

maxresdefaultUn Rogelio Martínez (director de la agrupación) con bigotes y sin guitarra, dirigiendo a mano limpia. Carlos Manuel Díaz Alonso, “Caito”, con bigotes y sin la voz característica de este personaje emblemático en los coros de la Sonora Matancera; un conjunto que no tuvo ni bongó, ni timbales, como aparece en la serie.

Ni hablar del Pedro Knight mujeriego, parrandero, embustero y hasta tracalero que se pretende hacer ver; lo cual -en honor a la verdad- no somos quienes para desmentir o aseverar; pero sí podemos advertir que toda esa “historia de amor” de él con Celia no surge antes del ingreso de esta a la Sonora, como se cuenta en la serie.

Por ningún lado se representa a Bienvenido Granda (vocalista de planta del conjunto desde 1944 hasta 1954), más sí se le da notoriedad a la cantante puertorriqueña Myrta Silva, quizá por el punto de que su salida de la Sonora (que no sabríamos asegurar si fue por embarazo, como allí se manifiesta) es el marco propicio para el ingreso de Celia a la agrupación.

Hay muchos errores de época, como el de un locutor anunciando a la Sonora “con su repertorio de boleros, rumbas y chachachá”, en 1951 (cuando este último ritmo fue creado por Enrique Jorrín cuatro años después); o el de un personaje portando un LP, tomando en cuenta que las primeras publicaciones del conjunto en este formato fueron durante la segunda mitad de esa década.

Mención aparte merece el personaje de Lola, interpretado por Carolina Gaitán, el cual no tiene absolutamente nada que ver con la realidad de La Lupe, a quien se pretende “recrear” (aunque, si nos tomamos literalmente el término, sí lo logran).

Otro error histórico es el de incluir, en 1951, la figura de “los barbudos” como parte del movimiento para derrocar a un Fulgencio Batista, quien, realmente, se hizo del poder en Cuba al año siguiente.

No voy a caer en comentarios acerca de los modismos, la escenografía y el vestuario, porque es un punto que no puedo abordar con la propiedad que bien pudiera hacer alguien realmente especializado en ello.

Sus escritores y productores han insistido en que “Celia es una serie de ficción inspirada en la vida de la cantante, en ningún momento pretende ser un recuento histórico o documental” (Nelson David Martínez, director de producción para Argumentales, de Fox Telecolombia). Bajo ese criterio habría sido mejor la consabida advertencia de “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.

Pudieron entonces haber aplicado el uso de nombres ficticios, como bien se empleó en Estefanía (1979), aquella novela de Julio César Marmol, ambientada en los tiempos de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, dando pie a la asociación con personajes como el General Marcos Suárez Figueres (Pérez Jiménez); o el director del órgano represivo de ese entonces, Pedro Escobar (en alusión a Pedro Estrada), excelentemente encarnados por Luís Rivas y Gustavo Rodríguez, respectivamente.

Pero no, los realizadores de Celia, la serie prefirieron hacer un sancocho en el que mezclaron ingredientes de la realidad con la ficción, pensando –quizá- en los altos índices de rating pero no en el daño que se le hace a la figura del personaje principal (y a otros más del reparto) y a ese público que biográficamente solo conoce algunos fragmentos de la guarachera.

79525-escanear0002Recuerdo que cuando Celia falleció (16/07/2003), le hicimos un programa especial en Guarachando con la participación especial de Henrique Bolívar Navas, quien no solo fue un amplio conocedor de la Sonora Matancera, sino que tuvo contacto directo con varios de sus integrantes (producto de todo lo que significó su programa La Candela Matancera), y en especial con quien se convirtió en su comadre al bautizar a su hija Laura.

En esa oportunidad, le comentaba a Henrique que durante mi estadía en Colombia había conseguido el fragmento de un tema interpretado por Celia y la Sonora durante una actuación en Radio Progreso, alusivo al triunfo de Fidel Castro y el Movimiento 26 de julio, con el derrocamiento de Batista en 1959; pero que no había querido colocarlo en el programa para evitar tocar el asunto político. “Eso sería causarle un disgusto post morten a la negra”, me dijo.

Luego de ver seis capítulos de Celia, la serie, creo que –al final, y lamentablemente- ese disgusto se lo causaron otros.

Héctor Acosta Rojas.

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