Lorenzo Herrera y la ingratitud de los venezolanos

La Esfera 1950 febrero (66)El 14 de enero de 1960, Lorenzo Herrera se encontraba en casa de su hermana Cruz, quien lo cuidaba luego de una bronquitis que había sufrido días atrás durante una actuación al aire libre en el restaurant Pro Venezuela de El Paraíso.

El cuadro se complicó, y un ataque al corazón obligó que fuera llevado a una clínica particular para practicársele los primeros auxilios, sugiriéndose su traslado al Puesto de Socorro ubicado en la esquina de Salas, en el centro de Caracas, donde fue sometido a una cámara de oxígeno.

“Los médicos que lo asisten indicaron que la situación de Herrera es delicada. Pero, no obstante, tenían fe en que se produjera una reacción favorable en las próximas horas”, reseñaba la prensa nacional de la época.

Para ese entonces, Lorenzo contaba con 63 años. Había nacido el 2 de agosto de 1896, en la parroquia Santa Rosalía, donde durante su adolescencia se desempeñó como zapatero; oficio que aprendió obligado por su padre al ver el interés que mostraba por la música.

Esa inclinación musical lo llevó a escaparse a Curazao, siendo todavía menor de edad, para cantar en diferentes locales. Hasta ahí llegó su hermano Próspero a buscarlo por orden paterna.

Eran tiempos de tango y fox-trot. Apenas el Alma Llanera y el vals Geranio (ambas, composiciones de Pedro Elías Gutiérrez) y algunas otras piezas eran conocidas dentro de la música venezolana, por lo que Lorenzo se propuso difundir el joropo, el merengue y otros géneros propios del país.

Después de varios intentos, la oportunidad le llegó gracias a la compañía de zarzuelas Bracale, que le realizó una oferta para integrarse a sus filas y emprender una gira al exterior.

Al llegar a La Habana, la compañía se desintegró. Lorenzo realizó una serie de gestiones y logró viajar a Nueva York en 1923 donde se radicó con su esposa Juana Luisa Alfonzo y sus dos pequeños hijos: Hilda y Lorenzo Eduardo (quien también se dedicó con éxito al canto).

Lavando platos en un restaurante de la ciudad pudo mantener a su familia en esos primeros tiempos, hasta que un paisano, el músico Raúl Izquierdo, le consigue un contrato para presentarse en el club nocturno El Chico.

Una gira lo llevó a Canadá y varios países de Suramérica, entre ellos Argentina, donde, además de las actuaciones en clubes nocturnos, se presentó en la prestigiosa Radio Belgrano.

(El radio – Lorenzo Herrera y Perla Violeta Amado)

La empresa discográfica RCA Victor se interesa en él y comienza así una serie de grabaciones: Canta ruiseñor, El coletón, Tu amor fue una ilusión, Sultana del Ávila, Chupa tu mamey. Y así otras más, que fueron afianzando su popularidad, y abriendo paso en Estados Unidos a otros exponentes de la música venezolana, como Vicente Flores y sus llaneros.

Esto lo llevó a desempeñarse en el cargo de secretario general del Sindicato Profesional de Autores y Compositores, donde, junto a la compositora María Luisa Escobar, emprendió una lucha por el reconocimiento de los derechos de autor.

(El coletón – Joropo)

De aquí para allá y de allá para acá

“Una vez que me hice al ambiente, poco a poco, fui dando a conocer mis habilidades y nuestras canciones. En 1931 regresé a Caracas, pero para partir nuevamente. Desde aquel entonces no sé cuándo vuelvo, ni cuando voy”, declaró Herrera a la prensa nacional el 1ero de octubre de 1949, cuando anunciaba su incorporación como Director Artístico de la emisora Radio Rumbos.

La Esfera 1940  26 Octubre (107)

Diario La Esfera. 26/10/1940

Esa imprecisión del propio Lorenzo -la misma que existe sobre su participación en el film Joropo- y la poca información que se publicaba de sus actuaciones, nos lleva solo a reseñar presentaciones en el Roof Garden, el 26 de octubre de 1940, junto a la Billo´s Caracas Boys; en el Nuevo Circo de Caracas, durante la despedida del cantante mexicano –y amigo personal- Tito Guizar, el 19 de septiembre de 1941; en el Coney Island de Los Palos Grandes, en noviembre de 1948; en el restaurant Capri, de Altamira, junto al español Angelillo, en diciembre de ese mismo año; y el 4 de marzo de 1950, nuevamente en el coso capitalino, esta vez junto a la intérprete chilena Olga Donoso.

El Pais. Septiembre 1945

Asimismo, entre 1948 y 1950, Lorenzo tuvo temporadas de gran éxito en las emisoras Crono Radar, Radio Nacional de Venezuela, Radio Caracas y Radio Cultura, así como en Radio Universo, de Barquisimeto y Ondas del Lago, propiedad de su compadre Nicolás Vale Quintero, en Maracaibo.

La prensa daba cuenta de sus viajes a Argentina, México, Brasil y Uruguay; todo un ir y venir del cual son pocos los registros precisos que se pueden obtener, a pesar de la fama que rodeaba a Lorenzo, no solo por su talento y más de 500 composiciones, sino por ser el pionero en grabar nuestros ritmos tradicionales en el exterior.

Su cargo como directivo de Radio Rumbos lo mantiene largo tiempo sin viajar al exterior, residenciado en la urbanización Coche, en uno de los apartamentos que recién había entregado el Banco Obrero, que lo convirtió en vecino de sus colegas Rafael Deyón, Marco Tulio Maristany y el periodista Aquilino José Mata (padre), entre otros.

(Mi rancho – Joropo)

“La música venezolana me ha sido ingrata”

10301964_10203820027358968_2328727757677560930_n“Mi hermano, ¿Y qué se hace? La gente no quiere la música venezolana. Las empresas discográficas no quieren grabar muestra música. A las radios y televisoras tampoco les agrada mucho nuestra música. Y en los bailes… bueno, ya tu sabes, la gente no quiere bailar sino los ritmos extraños”, reflexionaba un desencantado Lorenzo, durante una entrevista al diario El Mundo, el 28 de enero de 1959.

Estas consideraciones lo llevaron a reinventarse, a tratar reconquistar, con otros géneros musicales, el afecto de los venezolanos que se decantaban en ese entonces por los ritmos de moda. “Si el público lo que quiere es Boleros, Guarachas y Chachachá, vamos a darles eso. ¡Qué se le va a hacer! Yo no voy contra la corriente. Y a mi edad, no, vale”.

Es así como, con arreglos y dirección musical del pianista cubano Rubén González, realiza su última grabación: un disco que llevó por título Unidad, el cual salió tiempo después de su fallecimiento, el 21 de enero de 1960, y que incluye una guaracha titulada Ingratitud, la cual se nos antoja relacionar con la confesión realizada por Lorenzo a la periodista Mariahé Pabón, durante una reunión íntima, poco antes de su muerte: “La música venezolana me ha sido ingrata”. A lo que nosotros agregaríamos: Y los venezolanos también.

Héctor Acosta Rojas.

(Ingratitud – Guaracha)

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