La radio de mi abuelo

La radio de mi abuelo(Un cuento breve con parte de la historia de la radio en Venezuela)

Siempre vi con curiosidad el fervor casi enfermizo con el que mi abuelo vivía todo  el día escuchando radio. Desde que se despertaba hasta que se dormía tenía su RCA VICTOR, modelo 1935, encendido.

Un buen día, ante tanta curiosidad, decidí preguntarle:

– Abuelo, ¿por qué vives con la radio prendida todo el día?

Como si la respuesta fuera obvia, me dijo:

– Este aparato tiene conmigo más de 70 años y me ha acompañado en los momentos más alegres y también en los más tristes de mi vida. Cuando lo compré me costó Bs. 35,00 en cómodas cuotas, y la verdad han sido los mejores invertidos de mi vida, porque de verdad aquellos radios de galena eran un martirio. ¿Sabes lo qué es un radio de galena?

– No -le contesté-.

– Eran unos receptores que fabricábamos los muchachos de aquella época, te estoy hablando de los años 30, con unos alambres y una piedra llamada Galena, de ahí su nombre, y que íbamos a buscar a El Valle. Radio Caracas se oía clarita, y con eso no contaban los Phelps.

– ¿Los Phelps? (Pregunta obligatoria ante mi ignorancia)

– Eran los dueños del Almacén Americano, una especie de centro comercial de aquella época. Ellos importaban directamente de Estados Unidos los radios RCA Victor y como no se vendían, porque aquí no había ninguna emisora, decidieron fundar la Broadcasting Caracas el 11 de diciembre de 1930, y así vender su producto.

– ¿O sea que la Broadcasting Caracas fue la primera emisora que hubo en este país? (Le pregunté ya más interesado en el asunto)

– No vale. El 23 de mayo de 1926 se fundó lo que oficialmente sería la primera emisora de radio en Venezuela, AYRE. Pero ese intento no duró mucho, nada más dos años. Resulta que Luís Roberto Sholtz y Alfredo Moller eran dos tipos que habían regresado de Estados Unidos y se entusiasmaron con eso de montar una emisora, entonces convencieron al Coronel Arturo Santana, quien era hijo y edecán de mi General Juan Vicente Gómez, y éste a su vez lo convenció para el experimento. Esa emisora transmitía desde los terrenos del Nuevo Circo pero, como no habían los aparatos para que la gente la oyera, entonces optaron por  colocar unos parlantes. En 1928, cuando los  acontecimientos en que unos estudiantes se rebelaron contra mi General, se acabó el invento.

– Pero tú me dijiste no sé qué cosa de Radio Caracas y los Phelps, y después nombraste Broadcasting Caracas.

– Lo que pasa es que cuando los Phelps inauguraron la radio lo hicieron bajo el nombre de Broadcasting Caracas, que sería la primera emisora comercial del país, pero después pensaron que eso estaba muy gringo, sobre todo cuando el 29 de mayo de 1932 se funda Radiodifusora Venezuela, y entonces, en 1935, pasan a llamarse Radio Caracas, que es justamente cuando me compro este equipo que ves aquí. ¿Y sabes por qué? Porque todas las tardes se presentaba el Maestro Carlos Bonett con su orquesta y, como yo trabajaba, no podía ir a verlos.

– ¿Ir a verlos?, ni que fuera cine o teatro.

28be4-agozarmuchachos2– Pues, para que sepas, antes las emisoras de radio tenían un estudio gigante, para que la gente fuera a ver a los artistas en vivo y esas presentaciones salían “al aire”. A esos estudios se les llamaba radio-teatros y artista que venía, artista que se presentaba en la radio. Yo vi a Tito Guizar, Pedro Vargas, Bobby Capó, René Cabel, y muchísimos más, porque cuando salía del trabajo me iba a Radio Caracas para ver a la Billo´s Caracas Boys en “A Gozar muchachos” y “Fiesta Fabulosa” y a la orquesta de Luís Alfonzo Larrain en “Sonrisas Colgate”; Radiodifusora, Ondas Populares (fundada en 1935), La voz de la Esfera (que se inauguró en 1937 y hoy es Radio Continente); en fin, iba a ver a todos esos artistas y gratis.

Automáticamente me entró un dolor al pensar en los Bs 1.500 que pagué para la entrada del concierto de Metallica; pero seguí escuchando a mi abuelo, que no paraba de hablar. Parecía que tenía toda esa historia guardada esperando a que yo se la preguntara algún día. Y ese día fue hoy.

– Tu abuela no se perdía un capítulo de “El derecho de nacer”. Fue una Radio novela que transmitió Radio Continente entre 1949 y 1950, y paralizaba a toda Caracas; con decirte que los taxistas hacían un recargo en el costo del pasaje si eran las 6:30 de la tarde, y tenían reproductor en el carro, y el pasajero le pedía que pusiera “El derecho de nacer”. Todas las muchachas suspiraban con la voz de Luís Salazar, quien hacía de Albertico Limonta, el protagonista, y las madres sufrían por Isabel Cristina que lo interpretaba America Barrios. Bueno, realmente tu abuela no se perdía el capítulo de ninguna Radio novela. Ella se escuchó desde “El misterio de las tres torres”, “El misterio de los ojos escarlata” hasta las aventuras de “Tamakún” y “Martín Valiente”. En las mañanas, mientras preparaba el café, siempre oía “El reporter Esso” y “Panorama Universal” para estar enterados de las noticias, después vendrían “Noti Rumbos” y “Radio Reloj Continente”.697b7-imagen1

 

Antes todo el mundo oía radio, era la mejor forma de estar informado, entretenido y educado. Había un respeto para con el oyente porque quienes hacían radio sabían la responsabilidad que tenían ante un micrófono, no como esas cosas locas que ustedes escuchan ahora donde todo es puro insulto y con lenguaje inapropiado y vulgar.

– Ay abuelo, ya vas a empezar a hablar mal de mi generación -le dije, porque es de los que radicalmente piensa que todo tiempo pasado fue mejor-.

La radio de mi abuelo– No es eso mijo, sino que, cuando tú pones esa radio a todo volumen yo oigo todas esas barbaridades que dicen. Un pocote de cosas que no tienen ni sentido ni importancia. Y pensar que la primera FM fue la Emisora Cultural de Caracas en 1975 y era puro programa educativo y música clásica. Desde que empezaron a hacer lo que ahora llaman Radio participativa todo es una falta de respeto hacia el oyente y eso es por culpa de la misma juventud perdida de ahorita, porque, cuando tu mamá era una muchacha apenas, yo me acuerdo que ella escuchaba a Eduardo Morell con su Tragadiez de los exitos y a Clemente Vargas Jr. en Desfile de éxitos y el Hit Parade; y, aunque eran dirigidos a la juventud, se hablaba con buenos modales y sobriedad. Tu tío Víctor era oyente fijo de “La hora de la salsa” todos los mediodía con Phidias Danilo Escalona, que de por sí, de ese programa es que surge el nombre del ritmo Salsa.

Y seguía mi abuelo:

– A tu tía Ana le gustaban los Beatles y todos esos bichos raros, y por eso siempre oía Radio Capital, fundada en 1968 y que en mis tiempos era “La voz de la patria”. Todavía me acuerdo del castigo que le puse por haber ido a una cosa espantosa que hizo Cappy Donzella, La experiencia psico no sé qué cosa.

– “Psicotomimética” abuelo, así se me dijo mi tía.

– Esa misma guarandinga, pero como lo promocionaba el fulano Cappy ese, estaban todos esos melenudos medio hippies metidos ahí. La puse durante un mes completico a escuchar todas las noches Brindis a Venezuela, uno de los mejores programas de música folklórica que se ha hecho en este país. Gracias a eso supo quienes eran Juan Vicente Torrealba, Magdalena Sánchez, Adilia Castillo, Ángel Custodio Loyola”.

– Ay abuelo ¿quiénes son esos locos? Háblame de Wisin y Yandel, de Daddy Yankee, de Don Omar…

– Y después dices que yo vivo quejándome, pero ¿Cómo va a ser posible que tú no sepas quiénes son esos artistas? Claro que es posible, porque ahora de lo único que tú estás pendiente es de andar mandando mensajitos de texto para las emisoras a ver si consigues novia. La recluta es lo que te deberías conseguir un día de estos a ver si te dejas de esas pazguatadas.

– Mejor me voy abuelo, porque ya te pusiste intenso.

– Muchacho falta e´ respeto, si no fuera porque ya va a empezar La Vitrola Popular, es que me parara de este mueble pa´ darte unos correazos.

“Que bueno que el programa ese dura dos horas”, fue lo que pensé justo cuando salí corriendo muerto de risa y entendiendo que definitivamente, para mi abuelo, la radio es más importante que cualquier otra cosa.

Y menos mal porque de lo contrario todavía no me pudiera sentar, pues la correa de mi abuelo pega durísimo.

Héctor Acosta Rojas

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